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domingo, 14 de febrero de 2021

El progreso gradual.

 14 febrero 2021.

Sobre este nuevo camino que emprendo. El de las oposiciones. Extraño para mi ahora, pero con reminiscencias de lo conocido. 

Sun, Lo Suave, Viento, Madera

Ken, Manteniéndose quieto, Montaña.

Un árbol en una montaña se desarrolla lentamente de acuerdo con las leyes de su ser y por consiguiente enraíza firmemente. Da la idea del desarrollo como un proceso gradual, paso a paso. La tranquilidad, que previene de las acciones precipitadas, y la penetración hacen el desarrollo y el progreso posibles.

Las actividades dirigidas hacia el progreso, brindan el encuentro con la posición que naturalmente le corresponde. Mediante una correcta disposición anímica, logramos encontrar nuestro puesto y tenemos éxito. 

En este momento, pasamos por una etapa de progresos lentos, pero que auguran un final feliz. Aprovechar de este momento es todo lo que nos toca. Mediante un movimiento incesante, y guardando las reglas de convivencia que nos proponen quienes nos han acogido, tendremos de seguro una exitosa evolución.

Todo irá bien si simplemente te dejas llevar y lo disfrutas. Como acariciar una cálida ráfaga de viento. Todo es armonía y la calidez que reconforta. Que arropa, acuna, adormece porque relaja. Y flotas y te expandes.... 



martes, 4 de agosto de 2020

SATORI.


Satori (悟り)  es un momento de no-mente y de presencia total, término japonés que designa la iluminación en el budismo zen.


domingo, 23 de agosto de 2015

Estados de Conciencia

Según los Vedas, existen siete estados de conciencia, pero muchos de ellos no han sido investigados por los científicos médicos modernos. De hecho, la ciencia establecida no reconoce muchos de estos.
En India, uno de los más grandes sabios del siglo pasado, Sri Aurobindo, dijo que como estamos en una etapa muy temprana de la evolución humana, la mayoría experimentamos sólo los primeros tres estados de conciencia: sueño, vigilia y onirismo. Con el tiempo reconoceremos y comprenderemos los estados expandidos de conciencia y, cuando lo hagamos, conceptos tales como sincronicidad, telepatía, clarividencia y conocimiento de vidas pasadas serán aceptados por todos.
Cada uno de los siete estados de conciencia representa un incremento en nuestra experiencia de la sincronicidad; cada estado sucesivo nos acerca al ideal de iluminación. Todos experimentan los primeros tres estados básicos, pero por desgracia la mayoría nunca va más allá de ellos.
El primer nivel de conciencia es el sueño profundo. En el sueño profundo tenemos cierta conciencia: respondemos a estímulos como sonido, luz brillante o sensaciones táctiles, pero en general nuestros sentidos es tan embotados y hay muy poca cognición o percepción.
El segundo estado de conciencia es el onírico. Durante la experiencia onírica estamos un poco más despiertos y un poco más alertas que durante el sueño profundo. Cuando soñamos tenemos experiencias: vemos imágenes, escuchamos sonidos, incluso pensamos. Mientras soñamos, el mundo de nuestros sueños parece real, importante y pertinente. Es sólo cuando despertamos que reconocemos al sueño como una realidad confinada, al momento en el que estábamos soñando y quizá no directamente relevante como nuestra vida de vigilia.
El tercer estado de conciencia es la vigilia. Es en el que estamos casi todo el tiempo. La actividad cerebral mensurable del estado de vigilia es muy diferente a la de los estados de sueño profundo y onirismo.
El cuarto estado de conciencia ocurre cuando logramos echar un vistazo al alma, cuando trascendemos, cuando estamos absolutamente quietos y tranquilos, aunque sea por una fracción de segundo, y tomamos conciencia del observador que está dentro de nosotros. Este estado de conciencia se presenta durante la meditación, cuando percibimos los huecos, esos tranquilos momentos que están entre nuestros pensamientos. Las personas que meditan regularmente tienen esta experiencia cada vez que meditan. Como resultado, su estado del yo se expande.
El cuarto estado de conciencia también produce sus propios efectos fisiológicos. Los niveles de cortisol y adrenalina descienden, el estrés se reduce, la presión sanguínea disminuye y las funciones inmunológicas se agudizan. Los investigadores han demostrado que cuando percibimos el hueco que está entre los pensamientos, la actividad cerebral es muy distinta a la que tenemos cuando simplemente estamos despiertos y alertas. Esto significa que el hecho de atisbar el alma produce cambios fisiológicos en el cerebro y el cuerpo. En este cuarto estado de conciencia, así como podemos echar un vistazo al alma, también podemos ver los inicios de la sincronicidad.
El quinto estado de conciencia recibe el nombre de conciencia cósmica. En este estado tu espíritu puede observar tu cuerpo material. Tu conciencia va más allá de la vigilia de tu cuerpo y del atisbo del alma; tiene conocimiento cabal de tu lugar como parte del espíritu infinito. Aun cuando tu cuerpo está dormido, tu espíritu, el observador silencioso, mira al cuerpo en sueño profundo, casi como una experiencia fuera del cuerpo. Cuando eso ocurre hay una conciencia atenta y observadora, no sólo cuando duermes y sueñas, sino también cuando estás completamente despierto. El espíritu observa y tú eres el espíritu. El observador puede ver el cuerpo que sueña y el sueño, en forma simultánea. La misma experiencia ocurre en la conciencia de la vigilia. Tu cuerpo puede estar jugando un partido de tenis, hablar por teléfono o ver la televisión. Mientras tanto, tu espíritu está observado al cuerpo-mente realizar estas actividades.
Este quinto estado se llama conciencia cósmica porque tu conciencia es circunscrita y no circunscrita al mismo tiempo. En este quinto estado, cuando percibes tu conexión con la inteligencia no circunscrita, es cuando la sincronicidad empieza a manifestarse con toda su fuerza. En este estado, te das cuenta de que una parte de ti está circunscrita y que otra, por ser no circunscrita, está vinculada con todo. Experimentas plenamente tu unidad con todo lo que existe. Tu intuición, tu creatividad y tu conciencia aumentan. Las investigaciones muestran que cuando alguien ha alcanzado un estado de conciencia cósmica tal que tiene esta experiencia de observación, aun cuando esté ocupado en otras actividades, sus ondas cerebrales semejan a las que se producen durante la meditación. Estas personas pueden estar jugando fútbol, pero sus ondas cerebrales son idénticas a las de una persona que está meditando.
El sexto estado de conciencia se llama conciencia divina. En éste, el observador está cada vez más y más alerta. En la conciencia divina no sólo sientes la presencia del espíritu en ti, sino que empiezas a sentir ese espíritu en todos los seres. Ves la presencia del espíritu en las plantas. En última instancia, sientes la presencia del espíritu en las piedras. Reconoces que la fuerza que anima la vida se expresa en todos los objetos del Universo, tanto en el observador como en lo observado, tanto en el espectador como en el escenario. Esta conciencia divina nos permite ver la presencia de Dios en todas las cosas. Las personas que están en un estado de conciencia divina son capaces de comunicarse, incluso, con los animales y las plantas.
Éste no es un estado de conciencia constante para la mayoría. Entramos y salimos de él. Sin embargo, los grandes profetas y videntes, entre ellos Jesucristo, Buda, muchos yoguis y muchos santos, vivieron en la conciencia divina.
El séptimo y último estado de conciencia, el objetivo final, se llama conciencia de unidad.
También puede llamársele iluminación. En la conciencia de unidad, el espíritu de quien percibe y el de lo percibido se funden y se convierten en uno. Cuando esto ocurre, vemos el mundo como una extensión de nuestro propio ser. No sólo nos identificamos con nuestra conciencia personal sino que vemos que el mundo entero es una proyección de nuestro ser. Hay una transformación completa del yo personal al yo universal. En este estado, los milagros son comunes pero no son necesarios porque el reino infinito de posibilidades está a nuestro alcance en todo momento. Trascendemos la vida.
Trascendemos la muerte. Somos el espíritu que siempre fue y siempre será